Conferencia Teológica para Mujeres Cuáqueras del Noroeste Pacífico
13-17 de junio de 2012
Corbett, Oregón
Epístola


Saludos a los Amigos en todas partes.

La gracia llenaba nuestros días y tejía los hilos de nuestras vidas en un solo tapiz de luz y amor, igual a los edredones colgados en las paredes que nos rodeaban. Estábamos reunidas para la Conferencia Teológica para Mujeres Cuáqueras del Noroeste Pacífico, iniciado el 13 de junio de 2012 en el Centro de Conferencias “Menucha”, sobre el Río Columbia, cerca de Corbett, Oregón. Nos reunimos alrededor del tema Invitando, contemplando y viviendo la gracia. Antes de la conferencia cada participante escribió un ensayo breve en respuesta al tema. La conversación entre nosotras comenzó mientras que leyéramos estos ensayos en línea y continuaba durante el tiempo que pasábamos juntas. Venimos con diferentes trasfondos de experiencia entre Los Amigos y otras tradiciones. Algunas venían con mucha anticipación y otras con algo de temor acerca de lo que íbamos a escuchar, sentir, y hacer juntas. Venimos anhelando encontrar la comunidad, un lugar para sentirnos en casa. Y venimos sabiendo que íbamos a ser desafiadas a escuchar profundamente, aprender a abrirnos más y crecer. Tuvimos la esperanza de que el esfuerzo resultaría en una comprensión más profunda y añadiría nuevos diseños y texturas a nuestro tapiz de gracia.

Jueves por la mañana recibimos un mensaje de Ashley Wilcox bajo el tema, “Invitando la gracia”. Ashley comenzó con su afirmación de amor por el Apóstol Pablo. A partir de Hechos 9, nos mostró que a veces invitamos la gracia por hacer algo completamente equivocado. También invitamos la gracia en nuestras vidas cuando aceptamos a otros, ofreciéndoles acciones amorosas y palabras de vida. Bajo el mismo tema, Darla Samuelson nos enseñó el uso de disciplinas específicas para crear espacios que dejan que la gracia toque el dolor de la vergüenza que es tan común en la experiencia humana.

Viernes por la mañana Cherice Bock nos habló sobre la contemplación de la gracia mediante un estudio de palabras. Hizo la pregunta llamativa, “¿Tenemos que sentir culpables para poder recibir la gracia?” En respuesta a su propia pregunta, propuso que la gracia en un don inmerecido y sin condiciones. Cherice llegó a la conclusión de que la gracia es activa, social, y perdurable. Como administradores de la gracia, cuando extendemos la gracia a los demás recibimos más gracia en nuestras propias vidas y estamos llamadas a seguir extendiéndola en este mundo.

Christine Hall seguía con el mismo tema, diciendo que cuando contemplamos la gracia, nos encontramos envueltos en un amor que nos une a Dios, unas a otros, a la creación y al misterio divino. Terminó citando a Thomas Merton quien decía que por medio de la contemplación “vemos más allá de la ilusión de nuestra separación”.

El sábado, en respuesta al tema, “Viviendo la gracia”, Carol Urner nos desafió a decir “Sí” a la voz que nos guía, aun cuando no sabemos a donde nos llevaría. En aquel “Sí” hay un río de luz que fluirá por nosotras y nos sostendrá. Elenita Bales siguió, recordándonos que “Vivir la gracia” significa acción. Nos animó a desarrollar un ritmo de fidelidad en hablar las verdades que surgen de nuestras almas y a correr el riesgo de la vulnerabilidad para así llegar a ser canales de cambio. De la historia de los Cuáqueros, Elenita citó a Ann Wilson y nos preguntó, “¿Qué vas a hacer al final?”

Los talleres, llevados a cabo por las tardes, presentaron una variedad de maneras de nutrir nuestras vidas y crear aperturas para la gracia. En el taller, “Escribir como una práctica espiritual”, exploramos varias maneras de comenzar y ser fieles a nuestra escritura espiritual. El taller sobre la Biblia mostró que a pesar de los diferentes sentimientos en cuanto a las Escrituras, sentimientos tan distintos como enojo o amor, podemos hablar de estas diferencias en una manera interesante y respetuosa. En una sesión titulada, “Hablando con audacia santa”, los participantes consideraron perspectivas y experiencias que mostraron claramente que el testimonio profético está vivo en nuestras juntas anuales. Otro grupo compartió las diferentes prácticas que se usan para mantener a otros en la luz, prácticas tales como movimiento, meditación, oración, y visualización. En una sesión llamada, “Cosas difíciles”, mujeres de distintas juntas anuales respondieron a preguntas que habían sido escritas de antemano. Los participantes entraron en una discusión respetuosa que reconocía nuestras diferencias, a la vez que animaba comprensión y aceptación. Otro taller se enfocó en comités para escuchar y cuidar de personas; ofreció guías y herramientas para apoyar a los que están sufriendo. Judy Maurer compartió sus experiencias y reflexiones acerca de enseñar, escuchar, adorar, y trabajar relacionadas a asuntos de justicia social en Rusia. Christine Hall presentó, “El camino del Espíritu”, un programa nuevo de estudio contemplativo aquí en el Noroeste Pacífico.

Las actividades de la noche proveían otras oportunidades para añadir al tapiz comunal que estábamos tejiendo. Jueves en la noche Roena Oesting, vestido como Elizabeth Fry y hablando en la voz de Fry, relató eventos de la vida de “Betsy”, sacados de su Diario. Expresamos gratitud por las maneras en las cuales el trabajo de Elizabeth Fry en las cárceles empezó un patrón del trabajo de reforma penal entre Amigos que continúa hasta hoy. Viernes en la tarde escuchamos las experiencias de las que asistían a la Sexta Conferencia Mundial de Amigos, auspiciado por el FWCC y llevado a cabo en Kenia. Sus intercambios habían sido fructíferos, ricos y llenos, aunque a veces difíciles. Mientras escuchábamos sus historias, entendimos que aún allá, habían sido sostenidas por la gracia. Más tarde en un tiempo de recreación, nos pusimos a bailar, cantar, jugar a naipes, trabajar en un rompecabezas grande o crear arte. Estas actividades nos abrieron el corazón unas a otras, y los intercambios y conexiones formadas eran gozosos.

Durante toda la conferencia los hilos de conversación—mientras comíamos, en los grupos pequeños, trabajando en el rompecabezas, o en caminatas—nos tejían juntas con belleza y gracia. Era un don maravilloso sentarse a la mesa, acercarse a una desconocida y sentir como en familia. Domingo por la mañana nos reunimos para la hora final, un culto de adoración. Nancy Thomas nos trajo el mensaje, un desafío a responder continuamente con gratitud a la gracia de Dios. Habíamos venido aquí para ser nosotras mismas y salimos afirmadas y con apreciación y gozo para las relaciones de amistad que están profundizándose entre las juntas anuales; eso, sí, es gracia. Tomando prestado un sentimiento de Carol Urner, “Tenemos que terminar, pero todavía no hemos comenzado.”